17.8.07

Enciclopedia de lo detestable. Hoy: Idiota latinoamericano

Intelectuales, comerciantes, empresarios, periodistas de dudosa honestidad y señoras gordas que adscriben al pensamiento de derecha utilizan el término "idiota latinoamericano" para burlarse de quienes rechazan la imposición de las políticas neoliberales que hicieron estragos en el continente americano en la década del 90, dando origen a numerosos estallidos sociales.
La denominación nació en el ensayo titulado "El manual del perfecto idiota latinoamericano", escrito por Mario Vargas Llosa, Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, que fue publicado en 1996 y tuvo una segunda parte en 2007.
Esa obra ironiza sobre los sectores de izquierda y centro-izquierda latinoamericanos por negarse a aceptar el modelo económico que supuestamente triunfa en el mundo (sin profundizar en sus consecuencias sociales, como el crecimiento de la desigualdad entre ricos y pobres, la precarización de las condiciones laborales, el saqueo a los recursos naturales o las guerras en busca de insumos energéticos para sostener el derroche individualista).

En lo esencial figura, claro, que se permita cierto nivel de desocupación para que las sufridas multinacionales (qué tanto se preocupan por el planeta) no tengan que pagar salarios tan altos...

Los autores describen a los habitantes del continente no anglosajones como acomplejados y resentidos. Y aseguran no comprender por qué crece un fuerte sentimiento "anti-yanqui", sin mencionar que los gobiernos de Estados Unidos --no su pueblo-- auspiciaron y financiaron golpes militares anti democráticos en nuestra tierra, cuyos líderes se caracterizaron por encarcelar y torturar sistemáticamente a los oponentes políticos.
Para dejar de ser idiotas, en palabra de estos verdaderos iluminados, deberíamos promover reformas económicas para liberalizar la economía, reducir los costos laborales de las empresas, privatizar las compañías estatales, permitir el ingreso irrestricto de productos estadounidenses y europeos a nuestro mercado y eliminar subsidios a nuestros productores, entre otras medidas. En lo esencial figura, claro, que se permita cierto nivel de desocupación para que las sufridas multinacionales (qué tanto se preocupan por el planeta) no tengan que pagar salarios tan altos...

15.8.07

Defendé nuestro bosque

La destrucción de los bosques nativos argentinos no se detiene. En la Argentina se desmontan 300.000 hectáreas por año, lo que equivale a una manzana cada dos
minutos. Y no hay indicios de que el avance sobre la naturaleza se vaya a detener de manera espontánea.
Esta realidad genera consecuencias: en los próximos años vamos a estar más desprotegidos ante posibles inundaciones, ya que los bosques funcionan como esponjas naturales para absorver el agua de las lluvias y contribuyen a mantener el equilibrio climático de nuestro territorio. No se olviden: además estamos permitiendo el asesinato sistemático de millones de especies animales y vegetales que no abundan en el mundo.
El Senado de la Nación debe aprobar ya la Ley de Bosques --está demorada desde hace tiempo-- que pone un freno hasta que cada provincia realice un Ordenamiento Territorial que planifique de manera participativa y racional el uso sustentable de nuestros recursos.
Desde que la Ley se encuentra en discusión varias provincias están autorizando en forma acelerada permisos de desmontes que incluyen reservas y otras áreas que la norma hubiera preservado.
El objetivo de Greenpeace Argentina es juntar un millón de votos para que con el impulso de la opinión pública la ley sea aprobada.
Queda poco tiempo, queda poco bosque...

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14.8.07

Enciclopedia de lo detestable. Hoy: Populismo

Sustantivo utilizado por empresarios, políticos y académicos estadounidenses --también europeos-- para ridiculizar a corrientes de acción política que intentan otorgar beneficios económicos a los sectores más rezagados de la sociedad, conteniendo así la profundización de las desigualdades.
A lo largo de la historia latinoamericana han sido calificados como "populistas" líderes de características y visiones diferentes como Juan Domingo Perón, Salvador Allende, Eva Perón, Raúl Alfonsín, Fidel Castro, Hugo Chávez y Néstor Kirchner, entre muchos otros.
Es el termino elegido por la derecha ilustrada mundial para segregar a un presidente o a un país cuando no se lo puede acusar de "comunista" o "marxista". Ejemplo: Fidel Castro, comunista; Néstor Kirchner, populista.
Entre los defensores del difuso calificativo se inscriben el escritor peruano Mario Vargas LLosa, el argentino Marcos Aguinis y numerosos intelectuales y comunicadores sociales enrolados en el liberalismo que gobernó (con resultados catastróficos) América latina en los años noventa.

13.8.07

Música para pensar



"El tiempo no para", Bersuit Vergarabat

9.8.07

Ganadores y perdedores

Conversaba con un colega que hay posturas que quedan mal, pero que son tan reales, tan necesarias. Se vuelven difíciles de sostener, porque uno corre el riesgo de ser catalogado como reaccionario. Seguramente, este país y el mundo quedaron lastimados por las represiones (dictadura, iglesia católica, etcétera) y esas heridas contribuyeron a desdibujar algunos límites que serían saludables.
Anoche miraba un rato el estreno de Gran Hermano 5 y, con total desparpajo, las nuevas estrellitas decían: "Vine a ganar", "Para mí el segundo es el primer perdedor", "Es un juego y vine a jugar, así que voy a hacer lo que sea necesario para llevarme el premio". Digamos, por si no fui tan explícito como quería, que en todo momento trataban de aclarar que lo más importante de la vida en la Tierra es su ego y que están dispuestos a pisar cabezas, si hace falta.
Ya sabemos lo que viene en los próximos días: la producción exaltará los valores más despreciables, para que el público se regocije: se incitará a los participantes a que generen conflictos, a que se envidien y luego a que se odien... Y nos van a mostrar desde distintos planos toneladas de ganas de coger contenidas.

Los mensajes que se imponen en determinados ámbitos culturales terminan bajando a la gente

Lo mismo pasa en el mundo del fútbol, pensaba. Se impuso el mensaje de que hay que ganar sí o sí. Y en los medios de comunicación, de que hay que vender sí o sí. Ahora, hay ganadores y perdedores y, lógico, nadie quiere estar entre los últimos.
¿Es posible una sociedad si quienes la forman se segregan entre ganadores y perdedores? Porque, es irrefutable: los mensajes que se imponen en determinados ámbitos culturales (como el todopoderoso fútbol, por ejemplo) terminan bajando a la gente, tarde o temprano. Me acuerdo, por ejemplo, del abogado Víctor Stinfale, que hace unos años, en un programa de TV (creo que en lo de Mauro Viale), se definió como "bilardista", porque en el ejercicio de su profesión lo que más le preocupaba era ganar, sin preocuparse tanto por el cómo.
Si el segundo no sirve, nadie se acuerda de él, fracasó y todo lo demás, ¿cómo vamos a reaccionar los miles de perdedores que vivimos en la gran ciudad? ¿Hay convivencia posible? Porque, obviamente, los millones de seres humanos que vivimos en este planeta no vamos a alcanzar muchos de nuestros sueños. ¿Fracasamos entonces?

Alguna vez escuche al Negro Dolina decir que añoraba aquellos tiempos en que la gente vivía sin pensar en perdedores y ganadores.

Quizá, no tener un buen trabajo y un auto importante determine que uno es "un perdedor". O por ahí, ser un perdedor es no poder levanterse a la mina que a uno le gusta. O quedarse sin trabajo. Así, de a poco, empiezo a comprender el resentimiento de los pobres. Y las urgencias espirituales de los que salen a robar. Ahora me cierra por qué vi a dos tipos, ayer, que se bajaron del auto en un semáforo y se rompieron la cara, porque uno se distrajo manejando, o no prendió la luz de giro, o alguna estupidez por el estilo. Claro, ninguno de los dos quería perder la intrascendente disputa.
Alguna vez escuche al Negro Dolina (no me cae bien, aclaro por si a alguien le interesa) decir que añoraba aquellos tiempos en que la gente vivía en los barrios sin pensar en perdedores y ganadores. Por allá estaba el peluquero, en la otra esquina el mecánico, a mitad de cuadra el vago que no laburaba y más allá el doctor, que andaba bien de plata. Pero todos se reencontraban en los festejos de carnaval, o en la charlita en el puestito de diarios. O en cualquier momento, en la vereda, sin correr contra el tiempo y contra los demás seres humanos. Dolina decía que la idea de dividirnos en ganadores y perdedores es una imposición cultural, sutil, que llegó de otro lado. Al fin de cuentas, todos hacemos lo que nuestra capacidad nos permite: a algunos les va mejor y a otros peor. Nada más que eso.
Hay que tener cuidado con los mensajes que nos llegan. Y que aplaudimos mientras se reproducen.

7.8.07

Sobre Hugo Chávez


La prensa internacional tiende a ridiculizarlo. Trata de convertirlo en uno de esos dictadores bananeros que a fines de los setenta y principios de los ochenta castigaban a buena parte de Latinoamérica con políticas de ajuste y mano dura. Sacan tajada de la exuberancia latinoamericana que dejan sus palabras y sus gestos.
Sin embargo, los lineamentos fundamentales del gobierno de Hugo Chávez en Venezuela desmienten esa caracterización. (A fin de cuentas, no hay que olvidar que los medios de comunicación de envergadura internacional también le ponían el mote de "dictador" a Juan Domingo Perón, que fue derrocado y prohibido en el país por los militares "libertadores"; tampoco, que en nombre de la libertad, precisamente, las autoridades del país del norte apoyaron golpes de Estado sangrientos y de consecuencias terribles en todo el continente).
A grandes rasgos --una descripción profunda requiriría una extensión incoherente con la idea blog--, se puede decir que, desde fines de los 90, Hugo Chávez lidera el levantamiento contra el neoliberalismo que castigó y empobreció a Latinoamérica.
Propone combatir el capitalismo salvaje a favor de una economía social que no deje afuera a amplios sectores de la sociedad, promueve la unión paulatina de los Estados para fortalecer a la región a la hora de negociar con el mundo y combate, desde la parcela de poder que le toca ocupar gracias al petróleo, al imperialismo norteamericano, con la idea de evitar una nueva oleada de saqueos, como la que tuvo lugar en los noventa.
Quizá comete excesos, quizá se equivoca. Puede ser. ¿Pero por qué no nos preocupan tanto los excesos de Estados Unidos o los de Europa?
Chávez debió enfrentarse con la oligarquía de su país, aliada con el extranjero malo, repitiendo un esquema ya visto en otras sociedades, cuando un lider popular intenta separar a la cosa pública del uso y aprovechamiento exclusivo que hacen de ella las elites.
El tema de la prensa merece un capítulo aparte. Venezuela recorrió el mundo cuando su gobierno expropió la licencia del canal de televisión RCTV --que en su momento auspició un golpe de Estado contra la democracia--. En Argentina, salvando las distancias, son habituales los roces presidenciales con los medios. Y por la libertad de prensa (¿o de empresa?) plumas destacadas y mediocres hacen denuncias dramáticas.
Pero nadie habla de aquellos dorados noventa en los que las privatizadas sponsoreaban gran cantidad de programas de radio y TV, amordazando denuncias necesarias para la construcción de una mejor democracia. Sin profundizar en el tema -porque se podría profundizar más--, me pregunto: ¿La prensa siempre es leal? ¿Nunca responde a intereses económicos concretos? ¿Los medios de comunicación cumplen con todos los principios éticos necesarios para hacer periodismo puro, duro y transparente?
Tiene lógica cierto grado de control sobre el ejercicio de la profesión. El periodismo es como la energía nuclear: puede usarse para hacer el bien o para mal.
Para redondear --repito: no quiero ser incoherente con la idea de blog--, pido que estemos atentos. No sea cosa que los que se presentan como santos sean nuestros verdugos. Los que quieren ser ricos en medio de un país pobre, y de una región pobre, siempre hallan nuevo disfraces.
Y los que tratan de enfrentarse con los poderosos viven amenazados. Pueden resbalarse en cualquier momento.